martes, 8 de junio de 2010

¿Y dónde quedó la pistola?


JESÚS TOLEDO

Inconsistencias, influencias, apadrinamiento y un pésimo trabajo fue el malestar que causó una movilización policiaca, después de que una persona reportó al número de emergencias a unos sujetos que al parecer lo “acechaban” con la intención de asaltarlo.
Walter Martínez Moreno, “Taxista Vigilante”, declaró ante las autoridades y medios de comunicación que arreglaba los desperfectos de la alarma de su taxi, un Nissan Tsuru, con placas de circulación 44-83-BHE y número económico 2415, cuando vio que dos sujetos se estacionaron detrás de él, y que uno de ellos lo señaló y se le acercó, aunque no hizo nada y se retiró.
El chafirete mencionó que llamó al número de emergencia y reportó lo que había ocurrido. Unos minutos después, se acercó una patrulla y dijo que en vez de que fueran tras los ladrones, trataron de detenerlo. Walter, al ver lo que ocurría, se refugió en su casa.
Cuando la policía se aglomeró afuera de su domicilio, dijo que había dejado su cartera dentro del taxi con mil pesos que supuestamente “desaparecieron” por culpa de los uniformados.

LA VERSIÓN DE LA POLICÍA

Para las 3:40 de la tarde de este domingo 6 de junio, autoridades policiacas acudieron a la 2ª Norte entre 13ª y 14ª Oriente, del barrio Hidalgo, donde habían reportado a unos sujetos al parecer armados.
Cuando la primera patrulla llegó al lugar, un policía que iba dentro de la unidad aseguró que vio a Walter Martínez y a otro individuo introducirse a su domicilio, pero en el transcurso “se les cayó una pistola” que quedó en su poder.
Los agentes aseguraron que Walter Martínez y Mauribel Gutiérrez Cruz estaban dentro del domicilio marcado con el número 1434, y que en su poder tenían una “fusca”.
Todo se había tranquilizado y la policía había rodeado el lugar, pero de manera sorprendente una funda cayó al domicilio vecino de Walter y nadie supo quién la aventó.
Como los gendarmes no podían entrar, llamaron a un agente del Ministerio Público para que de manera legal penetrara. Cuando de manera voluntaria Walter cedió a que entraran a revisar, los policías lo revisaron con el detector de armas GT-200.
Mientras esto ocurría, Mauribel llamó a un amigo “influyente” y aparte trató de convencer al Ministerio Público que todo estaba bien.
El Ministerio Público, en presencia de las autoridades, entró y revisó el lugar y únicamente encontró una pistola de diábolos.

APADRINAMIENTO

Cuando todo parecía acabar, el grupo especial de la Policía Estatal Preventiva (PEP) llegó al domicilio sin que fuera enviado por un alto mando, y en vez de que empezara a indagar sobre los hechos, el policía segundo Francisco Ramírez Gómez saludó a Mauribel Gutiérrez con un “amistoso apretón de manos” y le preguntó si todo estaba bien.
Los agentes de la PEP que habían sido enviados al lugar, se molestaron con el grupo porque ellos ya trabajaban en el caso y fueron sobrepasados por el comando táctico, que era amigo de otro policía que conocía a Mauribel.
Como si fuera una autoridad máxima, Francisco Ramírez habló con el Ministerio Público y con la parte agraviada para darle momentáneamente una solución a los hechos.
Entonces, ¿dónde quedó el dinero del taxista?, ¿de quién era la funda de la pistola?, ¿existía la pistola que decía la policía?, ¿qué papel jugó el oficial de la PEP y conocido de uno de los agraviados? Estas inconsistencias tendrán que ser resueltas por la Policía.

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